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Moscú desde el tejado: los roofers

Han pasado casi 9 años desde que el joven Armen Beniaminov se subiera al tejado de la Duma y cambiara la bandera rusa por la soviética para, en sus propias palabras, “felicitar a todos los moscovitas, a los rusos y a toda la Unión Soviética por el Día de la Revolución”.

El  joven comunista se convirtió en el primer roofer oficial de Rusia.

El joven comunista se convirtió en el primer roofer oficial de Rusia.

En una Rusia nostálgica de su pasado y con las calles atestadas de fervientes defensores del comunismo, Beniaminov trepó a la institución más emblemática de la nueva democracia rusa y plantó la hoz y el martillo en el tejado. Casi nueve años más tarde, ¿Qué nos quedó de la hazaña? Pues eso: una bonita foto.

Toca dar un salto en el tiempo de vuelta al presente y aterrizar en las redes sociales, donde en los últimos años han proliferado imágenes espectaculares de varias ciudades rusas –Moscú sobre todo- tomadas prácticamente a vista de pájaro. Y si la simágenes en sí son fascinantes, más aún lo es la historia que hay detrás de éstas: la de sus fotógrafos.

No se trata de profesionales, ni de empresas que se dedican a producir imágenes espectaculares. Son jóvenes que por lo general, apenas llegan a los 20 años, y que son conocidos como roofers. Y en vez de ir con una bandera comunista en la mochila, traen una cámara de fotos y un juego de ganzúas.

En 2010 cuando empezaron a salir las primeras referencias en la prensa sobre jóvenes moscovitas al asalto de los techos más altos de la capital. Fue el New York Times, un medio extranjero, uno de los primeros en hablar de los roofers, una subcultura con una premisa tan sencilla como temeraria: llegar hasta la cima de los edificios más altos y proclamarlo a los cuatro vientos.

Es difícil calibrar en qué medida este fenómeno está influido por el exterior, especialmente si hablamos de un país tan contradictorio como Rusia, siempre empeñado en seguir su propio camino sin interferencias, y al mismo tiempo, deseoso de mirarse en el espejo de Occidente.

Los roofers quieren ¿ver el mundo desde un lugar privilegiado, o que sea el mundo el que les vea a ellos haciéndolo?

¿Los roofers quieren ver el mundo desde un lugar privilegiado, o que sea el mundo el que les vea a ellos?

Aparte de cualquier influencia, esta moderna fiebre por trepar al tejado de los edificios no es exclusiva ni nació en el país de los zares, sino que deriva del buildering, concepto que a su vez proviene del urban climbing, nacido a finales del siglo XIX en Inglaterra, cuya razón de ser era la escalada de edificios, por lo general rascacielos, y que nos ha dejado no pocas “moscas humanas”, especialmente aficionadas históricamente a los rascacielos neoyorkinos.

Rusia ofrece modalidades bastante atractivas y novedosas de urban climbing

Rusia ofrece modalidades bastante atractivas y novedosas de urban climbing.

El buildering vino a actualizar la definición de urban climbing incluyendo la ascensión de edificios desde el interior de los mismos, lo que plantea el aliciente de encontrar el camino a la cima sorteando puertas cerradas y cámaras de vigilancia.

En Moscú, existen otras tribus urbanas autóctonas, de las cuales, la más conocida sea seguramente la de los diggers (aquí podéis leer un reportaje sobre ellos), que serían al mismo tiempo antítesis y precursores de los roofers.

Los diggers, que son los exploradores del subsuelo moscovita, nacieron, igual que los roofers, a partir del deseo de investigar los lugares más ocultos de la ciudad, pero supieron en su momento dotar a su afición de una razón de ser –la supervisión desinteresada de la seguridad del subsuelo-, cosa que no ocurre con sus homónimos de las alturas, cuyos objetivos distan mucho de la obra social.

Timofei, conocido en el popular servicio de blogs ruso “LiveJournal” como camerakid, explicaba en una entrevista a la web www.f5.ru que lo más importante para los roofers son las fotografías, la popularidad y las emociones fuertes.

“Un roofer sin una cámara no es un roofer”, opina camerakid. “Si alguien se sube a un tejado pero no cuelga en la red sus fotos, es como si no hubiera subido”

Roofers: fotógrafos de las alturas

Roofers: fotógrafos de las alturas

Muchos roofers se defienden en entrevistas a medios locales argumentando que es la suya es una afición más dirigida a la introspección y a la búsqueda de un espacio propio que necesitan los jóvenes. Sin embargo, los argumentos a favor de la supuesta espiritualidad del asunto quedan desbaratados cuando aparecen fotografías como estas:

De esta guisa aparecía el roofer Max Polatov en una de sus fotografías, con la que el diario inglés The Sun abría su reportaje sobre los roofers del 16 de febrero de 2012, titulado “¿La locura más estúpida del momento?”

De esta guisa aparecía el roofer Max Polatov en una de sus fotografías, con la que el diario inglés The Sun abría su reportaje sobre los roofers del 16 de febrero de 2012, titulado “¿La locura más estúpida del momento?”

Naturalmente, no son estas la clase de pruebas que beneficien a la teoría del roofer solitario y reflexivo, que escudriña desde las alturas a la vez en la ciudad y en su propia alma cual gárgola imperturbable, y como es normal, la opinión pública se ha echado encima de estas prácticas.

Algunos roofers exhiben en las redes sociales una actitud temeraria, como poco...

Algunos roofers exhiben en las redes sociales una actitud temeraria, como poco…

No es casualidad que la gran mayoría de ellos apenas pase de los 20 años de edad; son adolescentes que han encontrado en esta práctica una manera de vivir aventuras y, gracias a Internet, despertar la admiración de los demás.

Los roofers se relacionan en la red

Los roofers son una comunidad virtualizada.

Teniendo en cuenta que es justamente la búsqueda de una imagen única que les diferencie del resto lo que persiguen los roofers, el hecho en sí de poder capturar ese paisaje y exhibirlo a modo de trofeo en las redes sociales supone un enorme aliciente para lanzarse a la conquista de imágenes espectaculares. Muchos de ellos buscan reconocimiento, fama. Y en buena parte, eso es lo que obtienen cuando sus fotos acumulan “likes” y comentarios de admiración.

Para camerakid, Internet es la pieza fundamental sobre la que está articulado el fenómeno: “Los roofers se comunican muy especialmente a través de las redes sociales. Internet es acumulador y catalizador de este movimiento. Ahí cuelgan sus fotografías, comparten sus historias y organizan encuentros”.

El hecho de ser una actividad no permitida inyecta adrenalina extra al juego de los roofers, que planean sus incursiones como auténticas escaramuzas militares. Exploran las entrañas de los edificios más altos, elaboran planos con rutas para coronar edificios de especial dificultad y a veces trabajan en equipo para distraer a los chopiks –así llaman a los guardas de seguridad- mientras otros fuerzan las cerraduras más resistentes.

Las redes sociales también proporcionan el ambiente perfecto para fomentar la competición entre rivales. Cuanto más alto y mejor vigilado sea un edificio, más goloso se torna para los roofers.

Como en el mundo del alpinismo, los roofers moscovitas tienen sus propios “ochomiles”, y naturalmente, los piques por ser los primeros en “conquistar” un determinado edificio o por completar las principales cimas de la ciudad están a la orden del día.

La joya de la corona

Si hablamos de cumbres, está claro que en una ciudad como Moscú, el gran objetivo de todos los roofers no puede ser otro que las siete hermanas, que es como se conocen a los siete rascacielos construidos de idéntica forma para conmemorar el VIII centenario de la ciudad. Son edificios emblemáticos, y cada uno de ellos cumple una función distinta:

Infografía: Rusia Hoy

Infografía: Rusia Hoy

Es precisamente el edificio de la Universidad el premio más codiciado para los roofers, ya que es la “hermana” más alta de todas, con 240 metros de altura que terminan en una gran estrella roja. Justo desde donde está hecha esta foto.

240 metros de caída libre

240 metros de caída libre.

El edificio de la MGU (Universidad Estatal de Moscú) es un verdadero imán para los cazadores de misterios, y desde luego, alicientes no le faltan. El edificio, pese a ser una institución educativa, está vigilado por agentes del Ministerio de Interior, ya que, entre otras cosas, en su tejado hay instalada una compleja red de antenas de comunicaciones… y “muchas otras cosas interesantes”, según declaró a RIA Novosti el responsable de seguridad del complejo, Gennadi Ivashenko.

Ivashenko fue entrevistado recientemente por Dimitry Vinogradov, de RIA Novosti, para un reportaje sobre los roofers que podéis leer aquí, en ruso, eso sí. En él narra cómo unos cuantos se hicieron pasar por técnicos de antenas un 24 de diciembre para engañar al vigilante de seguridad y acceder a la tan codiciada estrella roja que corona el rascacielos de la universidad. El resultado fue este:

Se hicieron pasar por electricistas.

Se hicieron pasar por electricistas.

El máximo responsable de seguridad del edificio reconoció que el rascacielos es objetivo frecuente de numerosos cazadores de misterios. Si bien es su cima lo que quita el sueño a los roofers, lo que hay, o dicen que hay, enterrado bajo sus cimientos, es uno de los grandes tesoros para la tribu urbana antagonista

Bajo el edificio se habla que podría haber desde una supuesta estación de metro secreta para miembros del Gobierno con un búnker gigantesco con capacidad para 10.000 personas, hasta una enorme pila de residuos radioactivos.

El edificio de la MGU es uno de los lugares másmisteriosos de todo Moscú.

“Por alguna razón este lugar es especialmente atractivo para gente de todo tipo, no siempre con propósitos saludables. Aquí se intentan colar de muchas formas… algunos hasta saltan con paracaídas. También los diggers se intentan colar en nuestro subsuelo… y luego, al cabo de diez años, aparecen los esqueletos”, afirma Ivashenko.

Una práctica difícil de atajar

Es precisamente el riesgo para la seguridad de las instalaciones y, sobre todo, para la propia vida de los jóvenes, lo que más alarma ha despertado en la opinión pública. Sin embargo, parece que los roofers han encontrado un vacío legal en el que moverse cómodamente.

Al no ir acompañado de ningún tipo de infracción, el hecho de colarse en un lugar vigilado no implica consecuencias administrativas de consideracón. El código civil ruso, en su artículo 20.17 (“Violación de espacios protegidos por vigilancia”) establece multas por un valor máximo de 500 rublos, lo que apenas llega a los 15 euros, y dado que los roofers se limitan a la exploración de los edificios sin robar nada, no se les puede aplicar otro tipo de sanciones.

La mayoría de los roofers no tiene  problema en arriesgar 500 rublos por experimentar la sensación de tener la ciudad a sus pies.La mayoría de los roofers no tiene  problema en arriesgar 500 rublos por experimentar la sensación de tener la ciudad a sus pies.

La mayoría de los roofers no tiene problema en arriesgar 500 rublos por experimentar la sensación de tener la ciudad a sus pies.La mayoría de los roofers no tiene problema en arriesgar 500 rublos por experimentar la sensación de tener la ciudad a sus pies.

Una situación legal similar ocurrió con el propio Beniaminov, cuyo acto simbólico no se prestaba fácilmente al castigo. Finalmente se le condenó a un año de prisión por insultar a la bandera rusa arrojándola por los aires, hecho el joven siempre negó.

Inevitablemente, algunas incursiones en las alturas han acabado en tragedia. Es el caso del joven de 18 años, Alexei Podchufarov, que murió el pasado junio tras precipitarse al vacío mientras caminaba por las cristaleras del edificio principal de Correos, cerca del metro Chistye Prudy.

El joven Alexei Podchufarov, en una de sus excursiones a los tejados moscovitas

El joven Alexei Podchufarov, en una de sus excursiones a los tejados moscovitas.

No sólo en Moscú han ocurrido accidentes: el pasado abril un muchacho de 12 años falleció al caer de una altura de cinco pisos, y en Saratov un joven cayó al Volga mientras trepaba por un puente, muriendo en el acto.

Los psicólogos coinciden en señalar la búsqueda de emociones fuertes y la atracción por lo prohibido como motivo principal de esta práctica, y están de acuerdo en que poco se puede hacer para disuadir a los jóvenes.

“Si se les dejase subir libremente a los tejados, dejarían de hacerlo”, declaró el psicoterapeuta Konstantin Olhovoi a la agencia RIA Novosti.

El experto insistió en que este tipo de actitudes son frecuentes en los adolescentes, que buscan habitualmente emociones fuertes, y puso como ejemplo la –por suerte- pasada moda del zatsepsing, de la que os contaré más en el siguiente reportaje, aunque si tenéis fresco el reportaje sobre los diggers, recordaréis cierta referencia. Aquí tenéis un avance:

Quién la iba a decir a Beniaminov allá por 2003 cuando se subió al tejado de la Duma, que lejos de reavivar el ardor comunista en los corazones de las nuevas generaciones rusas, para lo que su hazaña –o temeridad- iba a servir de inspiración, era para que se dedicaran a encaramarse a los edificios más emblemáticos del país a echarse fotos.

Qué cosas tienen estos tiempos modernos… donde la imagen va siempre un poco por delante que el contenido.

FOTO 17

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Acerca de herrjasper

Noticias en Rusia para el grupo de Españoles en Moscú

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