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SE ESCONDEN BAJO TIERRA

Las catacumbas de Moscú son uno de los grandes escenarios de la historia oculta rusa. Mucho se ha hablado de los habitantes del subsuelo de la capital, pero es poco lo que se sabe con exactitud sobre el lugar más misterioso de una ciudad ya de por sí hermética e impenetrable.

No todo lo que está bajo tierra en Moscú tiene este aspecto

No todo lo que está bajo tierra en Moscú tiene este aspecto

Los diggers, sobre cuyo líder, Vadim Mikhailov, hablé en el artículo “El otro alcalde de Moscú”, son grupos de aficionados a la exploración urbana que sobre todo en los 90 descubrieron una Moscú hasta entonces inédita. Aseguran haber conocido a cientos de mendigos, niños y gente sin hogar que encontraron en el subterráneo refugio contra el crudo invierno ruso. Y a algunos moradores del subterráneo algo menos amistosos.

Vadim Mikhilov aseguró haberse encontrado varias veces con ratas del tamaño de perros salvajes e incluso motivó que la policía cortase una vez durante cuatro días un tramo del alcantarillado, aunque las bestias nunca aparecieron. Se ganó bastantes críticas por el incidente pero siempre ha insistido en la existencia de estos animales “del tamaño de una nutria”.

En lo más profundo de las catacumbas moscovitas, ya en tiempos de Iván el Terrible, se torturaba terriblemente a algunos prisioneros, cuyos alaridos se ahogaban en cámaras apenas alumbradas por la luz de una antorcha.

El subsuelo también es el lugar ideal para esconder un tesoro. Justo donde está la Duma estaba la casa del primer ministro de la zarina Sofía, Vasily Golitsin. Los arqueólogos encontraron todo un laboratorio en un sótano donde, dicen, este curioso personaje experimentaba para fabricar la piedra filosofal. Por desgracia, al poco tiempo su casa quedó bajo el control del Gobierno y se prohibió el acceso a los sótanos, donde, además, los arqueólogos descubrieron tres pasadizos subterráneos que nadie llegó a recorrer, aunque se reumorea que conducen al Kremlin.

El mundo de ahí abajo no tiene nada que ver con las calles, los coches y el trasiego de gente. En las catacumbas reina el silencio. Los túneles excavados en la tierra son estrechos y sinuosos. El explorador inexperto podría perderse fácilmente en este laberinto de grutas.

Atraído por un rumor de susurros, Grigory Kasianov, uno de los diggers más veteranos allá por los 90, advirtió un rastro de luz mientras exploraba en solitario las túneles más hondos de la ciudad. El activista aseguró haber visto a una mujer desnuda tumbada sobre un altar con un cuchillo sobre el vientre. La rodeaban varios individuos con túnicas negras y máscaras.

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Muchos son los peligros que aguardan en el subterráneo desde algún lugar en la oscuridad.

No es la única historia sobre cultos diabólicos bajo el suelo de Moscú. El propio Vadim Mikhailov y otros diggers condujeron a un grupo de reporteros del diario Moskovky Komsomolets a un altar con símbolos extraños, una cruz y un cráneo humano. A los pocos días de publicarse el artículo, un informante anónimo escribió a la redacción del diario identificando por la disposición de los objetos en el altar a la secta que habría llevado a cabo el ritual en cuestión.

Sin embargo, no todos los restos humanos que se encontraban en el subterráneo eran de épocas pasadas o tenían marcas de rituales satánicos. A veces aparecían con un disparo en la cabeza, fenómeno mucho más común y prosaico en aquella época.

El metro de Moscú se convirtió en refugio de malhechores y delincuentes que, forzados por la prohibición a los ex convictos de residir en la capital rusa, decidieron instalarse lejos de la mirada de los curiosos para planear sus fechorías. Consecuentemente, también había gente dispuesta a buscar los tesoros que los mafiosos guardaban celosamente bajo tierra.

Bajo la calle Bolshaya Pirovskaya los diggers descubrieron un misterioso laboratorio, aunque diferente al del alquimista Golitsin.  Todas las probetas y recipientes estaban vacías y la mayoría, rotas contra el suelo, como si quien quiera que estuviera haciendo experimentos en ese lugar hubiera tenido que abandonarlo a la carrera. Varios trajes antirradiación colgaban de la pared.

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Sólo las catacumbas de Moscú saben a ciencia cierta cuántos ajustes de cuentas se llevaron a cabo durante la Perestroika.

Los túneles del metro también podían ser un escondrijo perfecto para grupos terroristas. Los diggers habían informado de la presencia de individuos con uniformes militares y máscaras bajo los túneles del Centrobank llevando linternas halógenas, aunque la policía no investigó el asunto de manera oficial.

Un sistema de túneles que conecta toda la ciudad parecía el lugar ideal para planear un atentado. Las autoridades, o no querían verlo, o llevaban el tema con extrema discreción, lo que no sería de extrañar teniendo en cuenta las actividades subterráneas del propio Gobierno, de las que también hablé en el artículo “Lo que el metro de Moscú esconde”.

En una ocasión, la policía sí acudió a la llamada de Vadim Mikhailov, que alertó de que dos desconocidos estaban cavando en un túnel bajo la avenida Leninsky Prospekt. Los sopechosos huyeron antes de que llegasen los agentes, que constataron evidencias de haber cavado en el lugar.

Las galerías del metro son una arteria fundamental de la ciudad

Las galerías del metro son una arteria fundamental de la ciudad

Fue la amenaza terrorista lo que finalmente motivó el endurecimento de las medidas de seguridad en el subterráneo. En 1996 cuatro personas murieron tras un atentado en el metro de Moscú y sólo dos años después tres resultaron heridas en otro nuevo acto terrorista.

Se crearon destacamentos especiales para vigilar el subsuelo y se bloquearon loas accesos más comprometidos. En el año 2000, tras años de disputas, se incorporó la asociación de diggers liderada por Vadim Mikhailov, Digger-Spas, como un departamento adjunto al Ministerio de Emergencias.

Los 90 se fueron, y con ellos las historias de sectas satánicas y organizaciones criminales que se reúnen en cloacas abandonadas. El velo del misterio se levantaba, desapareciendo con él todo rastro del romanticismo de las leyendas subterráneas, pero no por ello se dejó de hablar de los habitantes del subsuelo.

En 2004 se estrenó el documental “Los Niños de Leningradsky”, donde se relataba la estremecedora situación de 30.000 niños desahuciados en la capital refugiados, entre otros lugares, en los túneles y alcantarillas de Moscú. La película causó una fuerte conmoción internacional.

Los posteriores atentados terroristas en el metro de 2001, 2004 y 2010 han convencido a las autoridades rusas del peligro que puede acechar bajo el subsuelo y de la necesidad de vigilar sus accesos. Actualmente las galerías subterráneas están sembradas con trampas que pueden incluso acabar con la vida de aquellos que pretendan descubrir los todavía abundantes misterios enterrados en la capital rusa.

Las autoridades se han cuidado de que los exploradores lo tengan difícil para adentrarse en los lugares más escondidos del subsuelo y han instalado trampas y cámaras de vigilancia

Las autoridades se han cuidado de que los exploradores lo tengan difícil para adentrarse en los lugares más escondidos del subsuelo y han instalado trampas y cámaras de vigilancia

Y es que dar un paseo por las alcantarillas te puede llevar a tener encuentros con personajes poco recomendables.

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Acerca de herrjasper

Noticias en Rusia para el grupo de Españoles en Moscú

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