2 comentarios

EL OTRO ALCALDE DE MOSCÚ

Nos quedamos adivinando adónde iría aquel tren de metro vacío. Mirando cómo se perdía en la oscuridad y vislumbrando una tenue luz en el último vagón. Bien. Quizá sea buen momento para seguir el rastro de esa luz y ver qué hay de verdad más allá del andén. Os invito a descender conmigo a las profundidades del metro.

Hay alguien que me gustaría que conocieseis. Lleva más tiempo que nadie recorriendo las entrañas de Moscú y dicen que son verdadero hogar. Tal vez por eso una vez le llamaron “el otro alcalde de Moscú”. La que está bajo tierra, la que no vemos. Se llama Vadim Mikhailov y es el gurú de una raza de exploradores del subsuelo, aventureros, buscadores de tesoros y arqueólogos post apocalípticos que se hace llamar los diggers.

digger

Vadim MIkhailov

Tras la desintegración de la Unión Soviética, muchos quisieron buscar bajo la tierra las respuestas a tantas preguntas sin resolver que dejó tras de sí el difunto mastodonte rojo. El punto clave, por supuesto, fue su corazón: Moscú, donde en 1990 estos merodeadores subterráneos se unieron por primera vez bajo el nombre de Diggers of the Underground Planet. Vadim fue su fundador.

El fenómeno digger en Rusia, también fue denominado “stalking” en referencia a la película de culto de Andrei Tarkovsky que relata extraños sucesos en una base militar de alto secreto conocida como “La Zona”

Nacido, pues, de la pura curiosidad, este fenómeno estuvo siempre vinculado con los rumores sobre una supuesta red de metro conocida como Metro-2, de la que hablé en el post anterior. Este santuario era, y sigue siendo, junto con la biblioteca de Iván el Terrible, el Santo Grial de los exploradores del subsuelo moscovita.

Por supuesto, Vadim afirma no sólo que este lugar existe, sino que ha estado allí. Y muchas otras cosas. De hecho, recorre el subterráneo de Moscú desde muy pequeño. La inspiración se la debe a su padre, conductor de metro y quien le inculcó el espíritu aventurero y la pasión por explorar el subsuelo.

Apenas tenía doce años cuando convenció a un grupo de amigos del colegio para visitar los túneles de la avenida Leninsky Prospekt. Imaginad a un grupo de chicos avanzando en tinieblas en mitad de un silencio sepulcral. Las linternas arrojan sombras y la humedad no logra disimular un penetrante hedor. De pronto, la luz se posa en un tanque de agua polvoriento. Dentro flota un tiburón inmóvil. Y más lejos, un delfín. Habían entrado en una cámara de almacenaje de la Academia de Oceanología.

Vadim afirma haber visto cosas increíbles bajo tierra. Habitantes del subsuelo, criminales, sectas satánicas… y hasta ratas gigantes.

“La primera vez que vimos ratas fue en los túneles bajo el zoo. Había como cinco. Entonces me parecieron descomunales, aunque luego, más sereno, calculé que debían medir unos 65 centímetros de largo y unos 30 de ancho. Creíamos que eran nutrias”, bromeó Vadim en una entrevista a un popular diario moscovita.

70a6a152a617

Se recomienda no acariciar

“Vinieron policía y prensa. Cortaron los túneles 4 días y no encontraron ninguna rata, tras lo cual nos acusaron de mentir. Pero yo os digo: ¡hay ratas! Y se mueven por toda esa zona hasta incluso el subsuelo de la Casa Blanca o la embajada estadounidense.”, asegura el digger.

Alertar en vano a la población de la existencia de ratas gigantes en el subsuelo no les granjeó la simpatía de los moscovitas. Vadim fue tachado de farsante y sus actividades subterráneas eran vistas por gran parte de la sociedad rusa, tradicionalmente reticente a que nadie se meta en sus asuntos, como intromisiones innecesarias y peligrosas. Las incursiones de los diggers se convirtieron en uno de los temas preferidos de conversación en la Moscú de los años 90, dando pie a toda clase de rumores y bromas.

Lejos de rendirse a las críticas, Vadim trató de impulsar la imagen de los diggers como benefactores de la sociedad cuyos objetivos eran ayudar a la conservación de la ciudad y colaborar con las autoridades para mejorar la seguridad del subsuelo. Redactó un apocalíptico manifiesto dirigido al todopoderoso alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, quien acabaría respondiendo a la llamada del “otro” alcalde bajando a sus dominios. Este encuentro ayudó a que los rusos empezaran a ver que los diggers no eran sólo un grupo de chalados empeñados en buscar quimeras en las alcantarillas, sino que deseaban colaborar con las autoridades y advertirlas de los peligros del subsuelo.

2011 con el alcalde

Los dos alcaldes de Moscú

Sin embargo, los diggers continuaban despertando antipatías en una parte importante de la sociedad, que continuaba sin tomarse en serio sus propósitos altruistas para con Moscú y seguían viéndolos como un grupo de jóvenes obsesionados con ratas gigantes y secretos militares. Al mismo tiempo, el mensaje de los diggers se alejaba cada vez más de las especulaciones, centrándose en la problemática social en el subsuelo y tendiendo permanentemente la mano a las autoridades, aunque sin dejarse “domesticar” por ellas.

“Nos han acusado de revelar información sobre estructuras subterráneas que puede ser utilizada por los terroristas. De exponerla innecesariamente. Pero yo lo veo de otra manera. Nosotros informamos al Gobierno de los fallos en la seguridad en el subsuelo; son ellos los que no se deciden a arreglarlos.”, se defendió Vadim en una entrevista al diario Zavtra en 1997.

En 1998, tras algunos derrumbamientos en el suelo de Moscú, creció el interés por el estado del subsuelo y los diggers tuvieron ocasión para reivindicarse, aunque sus advertencias fueron tomadas por algunos como intentos de asustar a la población y Luzhkov prohibió completamente el acceso al alcantarillado de la ciudad, lo que aumentó la tensión entre ambos bandos.

La situación daría un vuelco cuando Digger-Spas (Salvamento Digger, en ruso), asociación también fundada por Vadim, se convirtió en el año 2000 en un departamento adjunto al Ministerio de Emergencias ruso, lo que significó la congratulación definitiva entre ambos frentes tras una década de conflictos y el reconocimiento definitivo al colectivo digger.

Tras pasar una década advirtiendo de los peligros de una ciudad cuyos cimientos parecían un queso de gruyere y construida sobre un río, el Neglinka, que encima estaba maldito, Vadim centró sus esfuerzos en denunciar y combatir el mal estado del suelo moscovita, especialmente tras una nueva ola de derrumbamientos que se produjeron en la capital rusa entre 2006 y 2007 en varias zonas del centro. Los sucesos provocaron una gran conmoción entre los moscovitas y dieron lugar a estremecedores titulares de prensa.

La colaboración más sonada con las autoridades fue en 2002 durante la toma de rehenes en el teatro Dubrovka. Vadim y un equipo colaboraron con las fuerzas especiales para establecer una posible ruta de acceso al teatro desde el subsuelo e intervinieron en la evacuación posterior.

En mayo de este año se denunciaron los vertidos incontrolados en la construcción de uno de los túneles que atravesarán el río Moskva, ya de por sí bastante sucio. El denunciante, un digger anónimo, se identificó como Vladimir (del que Vadim es diminutivo). Detalles como este prueban hasta qué punto su figura ha quedado ligada al mundo subterráneo de Moscú y cómo ha conseguido aglutinar y representar a todo un colectivo.

767669

Vadim se ha convertido en un referente underground… en el sentido estricto de la palabra

Un colectivo que, por otra parte, si bien empieza por Vadim, no acaba ni mucho menos con él. Los diggers siguen explorando las principales ciudades del mundo y su cultura, a la que el adjetivo underground le viene como anillo al dedo, continúa transmitiéndose. Sólo los Diggers of the Underground Planet cuentan, según su fundador, con miembros de 6 países diferentes y varios millones de seguidores en todo el mundo. Y son apenas la punta del iceberg.

El fenómeno digger, o stalker (término que, por su significado en inglés -acosador- ha tenido menor difusión) se ha reformulado como “exploración urbana”. Esta subcultura tiene como referencias videojuegos como S.T.A.L.K.E.R (de nuevo, la gran referencia de este fenómeno) o Metro 2033, la adaptación al videojuego del bestseller homónimo de Dimitry Glujovsky.

Ahora que el género post-apocalíptico, con sus zombis y monumentos derruidos, se ha apoderado del terreno de la ficción, resulta que algunos han optado por buscarlo en la vida real. Y campo, parece que les sobra. No en vano, bajo el suelo espera todo un mundo de misterios, y a buen seguro que no faltarán aventureros y cazatesoros dispuestos a desentrañarlos.

image-name

El fenómeno digger continúa creciendo

“Las cloacas tienen un fuerte significado social. No mienten, reflejan sin vergüenza lo que ocurre en la superficie. Son el lugar más infinito e inexplorado del mundo. Allí todo es igual. Presente, pasado y futuro, unidos en la oscuridad”.

Así describe el alcalde del subsuelo moscovita su particular reino.

Anuncios

Acerca de herrjasper

Noticias en Rusia para el grupo de Españoles en Moscú

2 comentarios el “EL OTRO ALCALDE DE MOSCÚ

  1. […] tribus urbanas autóctonas, de las cuales, la más conocida sea seguramente la de los diggers (aquí podéis leer un reportaje sobre ellos), que serían al mismo tiempo antítesis y precursores de los […]

  2. […] diggers, sobre cuyo líder, Vadim Mikhailov, hablé en el artículo “El otro alcalde de Moscú”, son grupos de aficionados a la exploración urbana que sobre todo en los 90 descubrieron una […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: