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LO QUE EL METRO DE MOSCÚ ESCONDE

Uno de esos días de nevada viajaba en un ruidoso vagón del metro moscovita. Pensaba en esas historias de espías de ayer y de hoy, donde nunca queda claro quién es quién ni cómo pasó. Se abrieron las puertas, salí a empellones. Enfilé el andén hacia las escaleras mecánicas, apreté el paso.

Giré la cabeza por mera curiosidad y entonces me quedé clavado mirando al andén de enfrente, donde acababa de parar uno de esos trenes que llegan vacíos, paran y se van. La luz de los vagones siempre está apagada y siempre da la sensación de que van a “dormir” al depósito. Pero había un vagón que no era como los demás.

Era el último de todos y sólo tenía una ventanilla. Incluso juraría que su diseño era diferente y que aquel vagón había sido añadido al convoy. La ventana estaba semioculta por un par de cortinas, pero sí que pude atisbar un luz dentro. Y una puerta cerrada. Justo a la altura de la mitad del habitáculo.

La intuición me dijo enseguida que eso era, tenía que ser, un despacho.

Pocas cosas confieren un grado tan fuerte de identidad a un lugar como las leyendas que de éste se cuentan. Murmullos que pasan de boca en boca hasta quedarse pegados al imaginario colectivo de la misma forma en que los percebes se adhieren al cascarón de un barco; para siempre. A mí, Moscú siempre me ha susurrado “misterio”, “hermetismo”, “secretos”.

Se me vino a la cabeza Stalin, sentado en aquel vagón, viajando de su dacha directamente al corazón del Kremlin. Y tal vez no andase muy descaminado. Encerrada en sí misma al más puro estilo de las Matrioshkas rusas, Moscú es una sucesión de enigmas, conspiraciones y rumores de los que poco se sabe a ciencia cierta.

Uno de los preferidos por los moscovitas es la supuesta existencia de una segunda red de metro de uso militar llamada Metro-2 que conectaría el Kremlin, la sede del FSB, el Ministerio de Defensa, la terminal de uso gubernamental del aeropuerto de Vnukovo y hasta una supuesta ciudad subterránea, entre otros puntos, a una profundidad mucho mayor que la del metro normal.

En 1992, el escritor Vladimir Gonik publicó “Preispodnyaya” (en ruso, “el mundo interior”), una novela basada en 25 años de investigación bajo el suelo de Moscú que provocó un gran impacto entre los rusos y que le supuso, entre otras cosas, un par de reuniones nada agradables con algunos oficiales del KGB interesados en saber cómo se había documentado. En ella, contaba la huída de un fugitivo por el subsuelo moscovita y el mundo subterráneo con el que se topa.

Un año antes, el Departamento de Defensa estadounidense había publicado un informe titulado “Fuerzas militares en transición” donde describía una supuesta red de transporte militar construida por los soviéticos. También se hacía eco de los rumores sobre un gigantesco búnker bajo el edificio de la Universidad Estatal de Moscú e incluso acompañaron el documento con un mapa del supuesto entramado militar.

metro-2

El Metro-2 pasaría por varios lugares emblemáticos de Moscú

Más tarde, en 1992, la popular revista “Ogonek” bautizaría esta red como “Metro-2”.

Las autoridades no reconocen oficialmente su existencia pero tampoco la desmienten e incluso han dejado escapar alguna que otra declaración bastante jugosa, como el antiguo director del Metro de Moscú, Dimitry Gayev, quien negó tener que ver con la existencia del Metro-2, aunque “le extrañaría mucho que no existiese”.

También se han dado ciertas situaciones que han contribuido, dicho de una manera indulgente, a alimentar los rumores.

En 2006, Shalva Chigrinsky, responsable del proyecto de remodelación del distrito situado frente al Kremlin denunció que durante la demolición del famoso Hotel Rossiya, sus trabajadores fueron hostigados por oficiales del FSB tras encontrar un sistema de túneles y hasta un bunker con capacidad para 4.000 personas bajo los cimientos.

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El emblemático Hotel Rossiya

El famoso Hotel Rossiya fue construido en 1967 con una capacidad para 3.000 personas, lo que le valió el reconocimiento como el más grande del mundo entonces. Una de sus funciones fundamentales era la de alojar a la plana mayor del Partido Comunista durante sus reuniones en el Kremlin, situado justo enfrente. Las leyendas que se cuentan de este lugar en tiempos de la Guerra Fría son tan extensas que darían para varios artículos.

En 2008, Svetlana Razina, directora de del sindicato independiente de trabajadores del metro, reconoció a la revista “Argumenty y Fakty” que unos años atrás se llevó a cabo una selección de personal entre los trabajadores del depósito de Izmailovo para las líneas secretas. Se presentaron muchos a la convocatoria pero sólo seleccionaron a uno.

La misma revista había publicado en 2001 una polémica entrevista a un antiguo comandante del KGB exiliado en Inglaterra desde 1985 tras haber trabajado como agente doble para los servicios británicos durante 11 años donde declaró que Metro-2 es “el secreto más grande del KGB que aún no ha sido descubierto” y que en esos túneles el KGB “controla armas de un gran poder y tiene montadas ciudades enteras”.

Lógicamente, no hay confirmación por parte de las autoridades, aunque sí que han admitido ciertos hechos como que la actual línea azul clara (Filevskaya), fue construida en principio para llevar a Stalin de su dacha al Kremlin, información que confirmó en 2004 Vladimir Shevchenko, ex consejero de Gorbachov, Yeltsin y Putin.

El mandamás soviético era muy dado al secretismo y de todos es conocida su obsesión por protegerse de intentos de asesinato de todo tipo. Bajo su mandato, se cree que se construyó no sólo una red secreta de transporte subterráneo, sino un enorme complejo de búnkeres destinados a la supervivencia de toda la estructura del Partido Comunista y el ejército en el eventual caso de guerra nuclear con EEUU.

De todos estos núcleos distribuidos en teoría bajo al capital rusa, la ciudad subterránea de Ramenki-43 se lleva la palma. Este particular Shangri-la soviético estaría situado bajo el distrito moscovita del mismo nombre a unos 200 metros bajo el suelo y tendría capacidad para albergar a 15.000 efectivos militares en unas instalaciones equipadas hasta con piscinas y salas de cine.

Y por eso decía que quizá no andaba muy descaminado cuando, parado frente a aquel vagón, miraba cómo desaparecían en la oscuridad de los túneles aquella luz, aquella puerta cerrada y quien quiera que se ocultase tras ésta. ¿Quién sabe adónde se dirigía ese tren?

El Metro de Moscú esconde en sus entrañas muchas más cosas. A veces uno puede tener el privilegio de mirar de cara al misterio y comprobarlo. Recuerdo otra ocasión en la que ví cómo dos chicos salían al andén como si nada tras pasarse todo el trayecto agarrados a la parte trasera del último vagón. ¿Serían algunos de los llamados diggers?

Y es que hay muchas cosas que vagan por estos túneles. O reptan.

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Acerca de herrjasper

Noticias en Rusia para el grupo de Españoles en Moscú

4 comentarios el “LO QUE EL METRO DE MOSCÚ ESCONDE

  1. […] Un sistema de túneles que conecta toda la ciudad parecía el lugar ideal para planear un atentado. Las autoridades, o no querían verlo, o llevaban el tema con extrema discreción, lo que no sería de extrañar teniendo en cuenta las actividades subterráneas del propio Gobierno, de las que también hablé en el artículo “Lo que el metro de Moscú esconde”. […]

  2. […] vinculado con los rumores sobre una supuesta red de metro conocida como Metro-2, de la que hablé en el post anterior. Este santuario era, y sigue siendo, junto con la biblioteca de Iván el Terrible, el Santo Grial […]

  3. Estoy contigo Laura! Por cierto, muy bueno tu artículo! Este metro es que da para mucho…

  4. Muy interesante! No sé hasta qué punto estas historias son verdad o solo son leyendas urbanas, pero a todos nos gusta imaginar y fantasear… en realidad a los curiosos del metro no les importa el grado de realidad que haya en ellas, lo que importa es que sean verosímiles.
    Estas historias han alimentado la imaginación de muchos; también de escritores contemporáneos de ciencia ficción: http://revistanudel.com/del-palacio-del-pueblo-al-metro-2033-2/#.UMdyaORFWaU

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